Fernando Maximiliano de Habsburgo, nacido en 1832, fue un austriaco que residió como emperador de México durante la invasión francesa a México, un hombre que fue odiado por los mexicanos de aquella época, pero, tal vez la historia te haga reflexionar sobre los acontecimientos de aquellos difíciles días y el verdadero papel que tuvo Maximiliano en la historia mexicana.

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A pesar de haber tenido puestos importantes como gobernante durante su medianamente larga vida, al momento de nacer, se le atribuyo mala suerte al hecho de que nació dos años después que su hermano Francisco José, el cual era, sin lugar a dudas, el primogénito de la familia, reconocimiento que más tarde le serviría para obtener el título de “Emperador de Austria-Hungría”, mientras que Maximiliano solo fue llamado para gobernar el pequeño pueblo italiano de Lombardo-Véneto, pero su diferencia de rangos no era lo único que los diferenciaba, también lo hacían sus ideas políticas, mientras que José era absolutista, Maximiliano era un hombre liberal, idea política que le causo una variedad de problemas en México años más tarde.

Al no sentirse a gusto en su lugar de gobernación y residencia, además de algunos problemas con la corte austriaca, Napoleón III y los conservadores monarquistas de México le ofrecieron el título de “Salvador de México”, título que el acepto sin vacilar pero poniendo ciertas condiciones sobre la mesa, la primera, que el pueblo mexicano aceptara su

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gubernatura y la segunda siendo que Napoleón ofreciera apoyo con tropas armadas durante dos años sobre suelo mexicano, y aunque ambas condiciones se verían cumplidas, no todo fue de la mejor manera e incluso se podría decir que dichas condiciones solo fueron cumplidas a medias.

Justo en los momentos en los se arreglaba el arribó de Maximiliano a México, al mismo tiempo se comenzaba la intervención de las tropas francesas en los suelos mexicanos con la intención de atacar la capital, ignorando fuertemente los tratados de soledad, lo que tiempo después llevo a la famosa e histórica batalla de Puebla, llevada a cabo el 5 de mayo de 1862, batalla con duración de más de siete arduas horas pero con resultados exitosos para las tropas mexicanas en tres ocasiones distintas, lo que llevo a esta batalla a ser la primera y única victoria contra el ejército francés por parte de las fuerzas armadas mexicanas y a ser un ejemplo de orgullo y patriotismo para la mayoría de los mexicanos.

Tras la imponente victoria en Puebla, la inclusión del ejército francés se veía retrasada, y Maximiliano no tenía más que problemas de autoridad frente al ejército mexicano y, aunque este le redujo el poder de dicho ejército, esta acción no causo más que descontento por parte de las autoridades militares, sumando esto a otros problemas tanto de índole nacional

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como internacional, teniendo de ejemplo el más importante que era que el imperio de Maximiliano no estaba redituando las ganancias esperadas por Napoleón por lo que decidió extraer sus tropas de México lo antes posible; todos estos problemas fueron una entrada de ataque fácil para Juárez y sus fuerzas, especialmente gracias a que su política liberal ya había dejado de ser apoyada por los mexicanos más conservadores, traicionando así a Maximiliano.

El emperador Maximiliano tuvo una oportunidad de renuncia después de lidiar con ciertos problemas de índole personal que impactaron su vida en sobre manera, pero esta oportunidad se le fue denegada por su familia, quienes le ordenaron no renunciar a su imperio y mantener en alto el nombre de los Habsburgo, aunque esto no era más que una traición por parte de los conservadores que estaban en contra de sus ideas liberales, Maximiliano acato dichas órdenes y lo llevo a reunir un cierto número de fuerzas para defender su autoridad, fuerzas que más tarde serian derrotadas por el ejército liderado por Porfirio Díaz el 15 de mayo de 1867.

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Maximiliano, a su vez que los principales conservadores Tomás Mejía y Miguel Miramón, se vieron obligado a formar parte de un juicio militar ordenado por Juárez, donde fueron declarados culpables y finalmente fueron fusilados el 19 de junio de 1867 en el cerro de las campanas en Querétaro.

La muerte de Maximiliano marco un momento importante en la historia de lo que hoy conocemos como México, él fue el ejemplo perfecto que demostró que los asuntos mexicanos son lo de México y ningún gobierno extranjero debe entrometerse en ellos, pero también es una fecha simbólica para recordad a una persona que no era mala, una persona que, a pesar de llegar a México como emperador, era una persona con ideales liberales, una persona que mantenía cierta conexión personal con los ideales de Juárez y que, más importante, buscaba por el bien del pueblo, los pobres y contaba con ideas muy progresistas, su único error fue ser apoyado por gente con ideas contrarias a las de él, lo que lo llevo a ser traicionado y su indetenible muerte, sin duda algo en lo que pensar la próxima vez que veas la pequeña capilla que se encuentra en el cerro de las cruces en la ciudad de Querétaro, el lugar de su fusilamiento que ahora es un pequeño monumento a su recuerdo.

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