Es bien sabido que para llegar a una meta, tienes que luchar y ser perseverante, aprender de los errores y continuar. Mientras para unos esto puede consistir en limitarse al comer para bajar de peso o estudiar todos los días para sacar adelante una materia; en este caso en particular el “sacrificio” para conseguir una castidad física y espiritual va más allá de lo normalmente concebido.

Pensador, abogado, político y líder de masas Mohandas Karamchand Gandhi llegó al mundo un 2 de octubre de 1869 en Porbandar, ciudad costera de la India. Su padre era ministro y consejero, por lo que poseían una fortuna que les permitía disfrutar de una buena posición. Así que velar por la educación del niño Mohandas significaba dejarlo bajo la dirección de un experto profesor. Desde pequeño, reveló poseer una notable paciencia y prudencia.

A los trece años, tuvo un matrimonio arreglado con Kasturba Makharji, madre de sus cuatro hijos. En 1888, con tan solo 19 años, sus padres decidieron que terminara sus estudios en Londres. Ahí inició la carrera en derecho, donde sintió lo que era el preconcepto racial; su piel de color cobre daba motivo a constantes humillaciones. Aun así no respondía a esa antipatía, comprendió que debía afrontar el espectáculo de esa injusticia. Durante este tiempo, Kasturba se quedó en la India con su hijo recién nacido (Harilal).

Cinco años después regresó a la India, donde intentó establecerse como abogado en Bombay, pero no permaneció allí mucho tiempo. Fueron numerosas sus iniciativas humanitarias, donde sobre todo trató de eliminar las castas (agrupación social) y religiones que dividían su pueblo. Esto significaba un constante roce con las autoridades, entonces inauguró un método de lucha el cual consistía en resistir.

En 1900 Gandhi se plantea la idea de ser casto, aún después de tener cuatro hijos con su esposa, así que seis años después realiza sus votos y los pone en práctica. Kasturba de buena o mala manera aceptó dicha disposición. Pero este tipo de decisiones no son efectivas de un día para otro; como un alcohólico en rehabilitación puede tener recaídas, éste protagonista necesitó poner a prueba en numerosas ocasiones su determinación.

Al término de la Primera Guerra Mundial, Gandhi se convirtió en el símbolo de la independencia nacional. En 1920 se le atribuye el título de “Mahatma”, convirtiéndose en primera figura en el Congreso y en toda la India. Pero como siempre, hay dos caras de una misma historia; si bien la igualdad entre el pueblo de la India era defendido por Alma Grande, el partido Hahasabha perteneciente a radicales hindúes, lo acusaban (entre otras cosas) por debilitar al nuevo gobierno en su insistencia que se le pagara a Pakistán el dinero prometido.

Entonces un 30 de enero de 1948, cuando Gandhi se dirigía a una reunión para rezar, fue asesinado en Nueva Delhi por un radical del partido antes mencionado; los hallados involucrados con este magnicidio fueron juzgados, condenados y ejecutados un año más tarde. Con excepción del presidente del partido, quedó libre sin cargo alguno por falta de pruebas.

No fue hasta después de su muerte cuando salieron a la luz testimonios de chicas (por no decir niñas) que estuvieron implicadas en el “crecimiento espiritual” de Mahatma. Según el historiador Jad Adams, no hay pruebas de que hubiese roto sus votos de abstinencia.

Es importante distinguir la definición que el líder de masas tenía sobre el sexo, ya que el solo hace mención de esto con la penetración. Así que esto le daba la libertad de hacer muchas otras cosas. Detrás de ese hábito repleto de paz y bondad al mundo, se encontraba un hombre que le pedía a mujeres (adolescentes, esposas de hombres que frecuentaban su ashram o varias de sus fieles) que compartieran su lecho u otras actividades que muchas personas calificarían de sexuales; todo con el fin de demostrar su resistencia.

Esas actividades sí que parecen muy “sucias” para un hombre de su reputación, pero primero que nada, todas las mujeres participantes en el proceso, estaban de acuerdo, y segundo, ¿quiénes somos para juzgar? El objetivo de contarte todo lo que vivió el hombre para ser el gran ejemplo que todos conocemos al día de hoy, es entender que a pesar de todos los errores que cometemos diario, aun así podemos >ser buenos<. No hay excusa, siempre tenemos oportunidad de arreglar las cosas, de mejorarnos día con día. Y eso lo sabía a la perfección éste hombre, que le trajo mucha paz a su querida India. Las últimas palabras de Mahatma Gandhi fueron:

“¡Hey, Rama!” (Hey Dios).

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